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Mundial de 2026: ¡la convocatoria de Marruecos, con grandes sorpresas!

El Mundial de 2026, cuyos primeros partidos se disputarán en Ámsterdam, se perfila como un acontecimiento clave para el fútbol marroquí, y esta edición debería marcar un…

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Este contenido se ha traducido automáticamente desde la versión francesa.

El Mundial de 2026, cuyos primeros partidos se disputarán en Ámsterdam, se perfila como un acontecimiento clave para el fútbol marroquí, y esta edición debería marcar un punto de inflexión en la historia de la selección nacional. Los Leones del Atlas, acostumbrados a dar sorpresas en el Mundial —sobre todo tras su cuarto puesto en 2022 en Catar—, se preparan para asumir el papel de aspirantes al título, con una selección que podría revolucionar las expectativas. El proceso de selección, dirigido por un seleccionador cuyo mandato se extiende al menos hasta 2026, se enfrenta a múltiples retos: el atractivo de los clubes extranjeros, la competencia de jóvenes promesas y las tensiones entre la experiencia y la renovación.

Un aspecto clave de esta edición es el tamaño de la plantilla, que debería superar los 30 jugadores, debido al formato ampliado que prevé 48 equipos. Esta apertura permite a los ojeadores marroquíes analizar perfiles inesperados, en particular jugadores formados en el extranjero pero que nunca han vestido la camiseta de las Ciencias. Algunos podrían aprovechar el auge de las ligas secundarias o de los países anfitriones para satisfacer una necesidad de creatividad. Otros, ya sean naturalizados o nacidos en la diáspora, podrían ser incluidos para reforzar la solidez defensiva o aportar una dimensión táctica innovadora.

Un aspecto clave de esta edición es el tamaño de la plantilla, que debería superar los 30 jugadores, debido al formato ampliado que prevé 48 equipos.

La rivalidad interna entre los clubes nacionales y las canteras marroquíes también hace que el talento se vaya a equipos extranjeros, lo que complica la cohesión del equipo. Los Leones del Atlas tendrán que encontrar el equilibrio entre los intereses individuales de los jugadores vinculados a clubes prestigiosos y las exigencias colectivas de una competición histórica. Una decisión de última hora, como la exclusión de un veterano clave o la convocatoria de un joven de 19 años cuyas actuaciones en una Liga 1 extranjera hayan destacado, podría alterar por completo la dinámica del equipo.

Por otra parte, la presencia de jugadores que compiten en las ligas estadounidense, canadiense o mexicana —zonas geográficas cercanas al escenario del torneo— podría facilitar la integración. Estos perfiles, a menudo menos mediáticos, podrían esconder un valor inesperado, sobre todo si el seleccionador apuesta por un equipo polivalente, capaz de adaptarse a diferentes terrenos de juego y contextos. La ausencia de algunos nombres esperados, quizá debido a lesiones, conflictos con sus clubes o decisiones tácticas, seguiría siendo motivo de debate, al tiempo que pondría de manifiesto la madurez de la selección.

Por último, el Mundial de 2026, coorganizado por tres países, podría ofrecer a Marruecos una mayor visibilidad, sobre todo si los partidos se disputan en ciudades con una fuerte presencia de inmigrantes. Esta oportunidad podría reforzar el vínculo entre las diásporas y la selección, pero también dar a conocer a jugadores que, aunque estén abiertamente afiliados a otras nacionalidades, optarían por la bandera marroquí. En un contexto de transformación del fútbol africano, estas decisiones siguen siendo motivos de tensión, pero también palancas para redefinir la identidad colectiva de las Ciencias.

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