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Copa del Mundo 2026: Las tormentas amenazan... El partido entre México e Inglaterra podría adelantarse seis horas el domingo...

Las fuertes tormentas que azotan el suroeste de México podrían obligar a la organización de la próxima edición del Mundial de 2026, del que México, Estados Unidos y…

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Las fuertes tormentas que azotan el suroeste de México podrían obligar a la organización de la próxima edición del Mundial de 2026, del que México, Estados Unidos y Canadá son los anfitriones, a tomar medidas. En un escenario barajado por algunos equipos, el partido que enfrentará a una de las selecciones mexicanas contra Inglaterra, previsto en un estadio situado en una región especialmente expuesta a las inclemencias meteorológicas, podría aplazarse varias horas. Esta posibilidad, planteada por expertos en logística deportiva, pone de relieve los grandes retos que supone la coordinación de un evento mundial de esta envergadura, en el que 48 selecciones, 104 partidos y miles de espectadores deben adaptarse a los caprichos del clima.

El formato del Mundial de 2026, en particular la incorporación de cuatro selecciones más y la ampliación del calendario, agrava las dificultades relacionadas con las condiciones meteorológicas. En las regiones donde se disputarán los partidos, las tormentas primaverales son frecuentes, sobre todo por la tarde, momento en el que suelen formarse con mayor frecuencia. Los organizadores deben anticiparse a estos fenómenos incorporando márgenes de maniobra en su planificación, respetando al mismo tiempo los compromisos adquiridos con las selecciones participantes y los derechos de los telespectadores. Las autoridades locales están trabajando actualmente con los servicios meteorológicos para simular escenarios alternativos, especialmente en caso de aplazamientos de partidos o retrasos en el inicio de los mismos.

El formato del Mundial de 2026, en particular la incorporación de cuatro selecciones más y la ampliación del calendario, agrava las dificultades relacionadas con las condiciones meteorológicas.

Las tormentas han sido durante mucho tiempo un problema menor en los torneos internacionales, pero su impacto puede ser considerable. En 2018 en Rusia, por ejemplo, unos chubascos inesperados perturbaron varios encuentros, lo que obligó a los organizadores a recurrir a estadios cubiertos o a aplazar partidos. En México, donde los estadios suelen estar situados en zonas urbanas con tejados planos o estructuras modulares, aumentan los riesgos de cortes de electricidad o de dificultades de acceso para los espectadores. Por su parte, los equipos deben adaptarse a estos imprevistos ajustando sus calentamientos o reorganizando sus desplazamientos, al tiempo que mantienen un alto nivel de preparación táctica.

La coordinación entre los organizadores, las ligas nacionales y las autoridades locales se basa en protocolos contrastados, como el uso de aplicaciones meteorológicas en tiempo real y modelos de simulación para predecir el impacto de las tormentas. Los organizadores del Mundial de 2026 también han previsto unidades móviles de emergencia, equipos técnicos descentralizados y sistemas de comunicación instantánea para informar a los equipos y a los espectadores de los cambios. Estas medidas, aunque costosas, son indispensables para evitar perturbaciones importantes, como las que se produjeron en ediciones anteriores, especialmente en Sudáfrica en 2010, donde las tormentas alteraron la organización de varios partidos.

Por último, esta situación refleja una tendencia más amplia: los eventos deportivos de gran envergadura deben integrar ahora la emergencia climática en su planificación. Los riesgos relacionados con las tormentas, pero también con las olas de calor o los huracanes, obligan a los organizadores a replantearse su enfoque tradicional. Para el Mundial de 2026, esto significa invertir en infraestructuras resistentes a las inclemencias meteorológicas y reforzar las redes de transporte para garantizar la fluidez de los desplazamientos, incluso en caso de condiciones extremas. El reto ya no es solo jugar, sino adaptarse a un mundo en el que los fenómenos naturales son cada vez más frecuentes.

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