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El Mundial de 2026, el primer torneo de gran formato de la historia con 48 selecciones, supondrá una auténtica revolución logística para la organización. En los tres continentes que la acogerán —Estados Unidos, Canadá y México—, los alojamientos de las selecciones nacionales se distribuirán según un plan complejo, adaptando cada selección a una ciudad anfitriona cercana a su estadio. Las condiciones climáticas, la distancia entre las sedes y las necesidades específicas de las jugadoras determinarán la elección de los hoteles, lo que exigirá una coordinación impecable entre los comités locales y las autoridades femeninas.
El proceso de selección de los alojamientos se basa en criterios estrictos: proximidad inmediata a las gradas, capacidad para acoger a decenas de personas (jugadoras, cuerpo técnico, traductores) y normas de higiene reforzadas. Los establecimientos privados y los complejos especializados, especialmente en las ciudades tejanas, los centros de Quebec o las zonas mexicanas, deberán ajustarse a un estándar uniforme. Por su parte, las selecciones dispondrán de habitaciones individuales, salas de recuperación y comidas adaptadas a sus regímenes alimenticios, además de estar situadas a menos de 30 minutos de sus partidos.
Los establecimientos privados y los complejos especializados, especialmente en las ciudades tejanas, los centros de Quebec o las zonas mexicanas, deberán ajustarse a un estándar uniforme.
El impacto económico de estos alojamientos se prevé considerable. Los hoteles, que durante mucho tiempo han permanecido desocupados fuera de las temporadas turísticas, ganarán en afluencia gracias a las selecciones y a los medios de comunicación. Las pernoctaciones de los equipos, a menudo prolongadas para los entrenamientos y las reuniones, estimularán el comercio local y los servicios de proximidad. Por otra parte, la logística de los desplazamientos entre ciudades, especialmente para los partidos de las fases finales, requerirá servicios de transporte seguros e itinerarios optimizados.
Los retos siguen siendo enormes, sobre todo dada la diversidad de los países participantes. Las selecciones africanas, asiáticas o sudamericanas tendrán que adaptarse a sistemas hoteleros que, en ocasiones, les resultarán ajenos a sus costumbres, al tiempo que gestionan las posibles barreras lingüísticas. Las autoridades también deberán garantizar la igualdad de trato, evitando diferencias en la calidad del servicio entre los hoteles de lujo y los de menor categoría.
Por último, el éxito de estos alojamientos dependerá de la capacidad para conciliar tradición y modernidad. Los establecimientos históricos de grandes ciudades como París o Madrid, por ejemplo, serán sustituidos por proyectos innovadores en Estados Unidos, lo que refleja la ambición de un Mundial de 2026 con la mirada puesta en el futuro. Por su parte, las selecciones cuentan con estas infraestructuras para poder concentrarse exclusivamente en su rendimiento deportivo, lejos de las distracciones.