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El baloncesto europeo entra en una zona de turbulencias en la que ya no bastan las sonrisas de fachada. Chus Bueno, director general de la EuroLeague desde febrero, ha marcado una línea clara: un acuerdo con el proyecto NBA Europe sigue siendo posible, pero solo si sirve a ambas partes. En caso contrario, la EuroLeague afirma estar dispuesta a defender por sí sola su terreno, sus clubes y su modelo económico.
Dos proyectos, un mismo continente
La NBA y la FIBA trabajan en una nueva liga europea cuyo lanzamiento está previsto para octubre de 2027.
La NBA y la FIBA trabajan en una nueva liga europea cuyo lanzamiento está previsto para octubre de 2027. El formato planteado sigue siendo ambicioso: 16 equipos, de los cuales 12 serían franquicias permanentes y cuatro plazas quedarían abiertas mediante una clasificación anual. Las ciudades seleccionadas dibujan un mapa muy denso del baloncesto continental, de París a Madrid, de Milán a Múnich, de Londres a Estambul.
Ante esta ofensiva, la EuroLeague ya no se limita a esperar. Bueno asume una posición de negociación firme. La organización europea quiere dialogar, compartir su experiencia del mercado local y evitar una fragmentación tanto del calendario como de los ingresos. Pero se niega a convertirse en un simple decorado dentro de una competición diseñada en otro lugar. El mensaje es claro: si no se encuentra un terreno común, avanzará con su propio plan.
La batalla de los clubes y las marcas
El núcleo del asunto gira en torno a los clubes consolidados. Muchos tienen una historia, una base de aficionados y una identidad que la NBA no puede crear en una rueda de prensa. Real Madrid, Olympiacos, Fenerbahçe, Partizan, Paris Basketball o el ASVEL no son solo equipos: son marcas deportivas ya arraigadas, con sus rivalidades, sus pabellones, sus costumbres y sus limitaciones.
Eso es precisamente lo que la EuroLeague quiere poner sobre la mesa. Sabe que la NBA aporta una enorme potencia comercial, experiencia mediática y capacidad de atracción. Pero también considera que el producto europeo perdería parte de su valor si los clubes históricos quedaran marginados o se vieran obligados a elegir con urgencia entre dos circuitos rivales.
La fragmentación sería el escenario más incómodo. Dos ligas fuertes y mal coordinadas podrían disputarse los mismos mercados, los mismos operadores, los mismos patrocinadores y, en ocasiones, los mismos jugadores. Para el público, eso supondría más grandes partidos, pero también más confusión. Para los clubes, abriría una carrera por las garantías financieras en la que la fidelidad deportiva pesaría menos que la solidez de las ofertas.
La EuroLeague también acelera
La firmeza de Bueno se apoya en un calendario ya activado. La EuroLeague debe pasar a 24 equipos en la temporada 2027-2028, con la transformación de sus licencias de larga duración en franquicias permanentes y hasta ocho nuevas plazas duraderas. Más de veinte proyectos han mostrado interés, y varias ofertas vinculantes están siendo examinadas.
Esta expansión cambia el equilibrio de fuerzas. La EuroLeague no se presenta como una competición inmóvil que esperara a ser superada. Al contrario, busca asegurar plazas, atraer nuevos inversores y consolidar sus ingresos antes de la posible llegada de NBA Europe. París, Londres, Milán o Nápoles figuran entre los mercados mencionados, exactamente el tipo de ciudades que la NBA también observa.
Para los clubes franceses, lo que está en juego es concreto. Paris Basketball ya ocupa un lugar central en las conversaciones europeas, mientras que el ASVEL sigue concernido por el giro hacia un modelo de franquicias. En un mercado francés que ha ganado visibilidad gracias a Victor Wembanyama, a los partidos de la NBA programados en París y al crecimiento de clubes ambiciosos, la batalla no será teórica.
Un acuerdo o una competencia frontal
La ventana de diálogo sigue abierta. Adam Silver ya ha explicado que quiere respetar las tradiciones del baloncesto europeo mientras construye un producto nuevo con la FIBA. La EuroLeague, por su parte, no cierra la puerta a una alianza que evite dividir el continente en dos. Pero las palabras de Bueno recuerdan que el compromiso deberá ser equilibrado, no solo elegante sobre el papel.
Los próximos meses dirán si cada parte acepta ceder una parte del control. Una NBA Europe lanzada sin la EuroLeague tendría medios para hacer mucho ruido. Una EuroLeague reforzada sin la NBA conservaría la profundidad deportiva y el arraigo local. Juntas, ambas podrían crear una competición más clara. Separadas, ofrecerían al baloncesto europeo una rivalidad entre dirigentes incluso antes del primer salto inicial.