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Gianni Infantino irá a buscar un nuevo mandato al frente de la FIFA en 2027. El organismo reafirmó su candidatura mientras su presidente atraviesa una etapa tensa, marcada por la oposición de varias fuerzas del fútbol mundial a algunos de sus proyectos. Las elecciones previstas para marzo de 2027 se anuncian, por tanto, menos cómodas que sus anteriores comparecencias ante las federaciones.
Una candidatura confirmada en un clima más frío
La posición oficial es clara: Infantino anunció en primavera que sería candidato a su reelección, y la FIFA asegura que esa intención no ha cambiado.
La posición oficial es clara: Infantino anunció en primavera que sería candidato a su reelección, y la FIFA asegura que esa intención no ha cambiado. Si fuera reelegido, el dirigente suizo, en el cargo desde 2016, podría permanecer al frente de la organización hasta 2031. Sería un nuevo mandato largo para un presidente que ya ha remodelado profundamente el calendario, los formatos de las competiciones y la economía del organismo.
Pero la confirmación llega en un clima político mucho más duro. Infantino no es simplemente un presidente saliente que desarrolla su agenda. Debe responder a fuertes críticas en torno a proyectos relacionados con la valorización comercial de las competiciones de la FIFA, especialmente la controvertida idea de abrir ciertas participaciones a inversores privados. El tema ha crispado a una parte del ecosistema, porque afecta al corazón del poder: quién controla los grandes torneos, quién capta su valor y hasta dónde puede llevar una federación internacional la lógica financiera.
La UEFA en primera línea, otros frentes abiertos
La UEFA forma parte de las oposiciones más visibles. Sus dirigentes han cuestionado la dirección tomada por la FIFA y han multiplicado las señales de ruptura. También han surgido tensiones por parte de la Concacaf y de la Confederación Asiática, lo que da a esta etapa una dimensión más amplia que un simple desacuerdo europeo. En unas elecciones de la FIFA, los equilibrios continentales cuentan tanto como los discursos públicos.
Infantino conserva, sin embargo, apoyos sólidos. Varios bloques siguen siendo favorables a su balance, especialmente porque la FIFA redistribuye recursos considerables entre sus asociaciones miembro y porque algunos países ven en su presidencia una continuidad útil para los grandes proyectos venideros. El apoyo de federaciones influyentes en África, Sudamérica o el Golfo puede pesar mucho cuando votan las 211 asociaciones miembro.
La cuestión no es, por tanto, solo saber si Infantino es cuestionado. Se trata de saber si esta contestación puede transformarse en una candidatura creíble, estructurada y capaz de unir más allá de un bando de descontentos. Por ahora, ningún rival ha ocupado el lugar de contrincante evidente, aunque el nombre de Victor Montagliani, presidente de la Concacaf y vicepresidente de la FIFA, aparece con frecuencia en los análisis políticos.
Unas elecciones que van más allá de un nombre
La votación de marzo de 2027 también pondrá sobre la mesa la trayectoria general del fútbol internacional. El Mundial ampliado, la densidad del calendario, el peso creciente de las competiciones de clubes y los debates sobre los ingresos forman un mismo expediente: el de un deporte mundial más rico, más expuesto, pero también más difícil de gobernar sin fracturas.
Infantino ha construido a menudo su fuerza sobre un vínculo directo con las federaciones nacionales, hablando de desarrollo, financiación y acceso al fútbol mundial. Por tanto, sus adversarios tendrán que proponer algo más que un voto de rechazo. Necesitarán un método, un programa y, sobre todo, una coalición capaz de mantenerse hasta la presentación de las candidaturas, fijada para mediados de noviembre de 2026.
La campaña ya está abierta, aunque todavía no diga claramente su nombre. Infantino parte con la ventaja del presidente saliente y de una red consolidada. Sus oponentes, por su parte, tienen unos meses para demostrar que su desacuerdo puede convertirse en una alternativa. En la FIFA, las grandes maniobras rara vez comienzan con el pitido inicial: ya están en marcha en los pasillos.