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Marruecos ha cambiado de imagen en el Mundial, lo que ha hecho sonreír a aficionados y expertos. Tras alcanzar las semifinales del último Mundial en Camerún y en Catar en 2022 —una hazaña histórica para una selección africana—, los «Leones del Atlas» afrontan esta nueva edición del Mundial de 2026 con una generación más joven. Aunque algunos nombres emblemáticos han abandonado la plantilla, otros jóvenes talentos, formados en canteras reforzadas o procedentes de ligas locales y extranjeras, ocupan su lugar. Este cambio, que se traduce en una rotación constante, refleja no solo la ambición de seguir siendo competitivos, sino también la voluntad de renovar el equipo sin perder la experiencia colectiva que les ha permitido alcanzar cotas sin precedentes.
El cambio de cara también se explica por una evolución táctica. El actual seleccionador, que sucede a un técnico que ha marcado la historia reciente de Marruecos, ha introducido una filosofía de juego más dinámica. Si bien el técnico del último Mundial solía dar prioridad a la solidez defensiva y a la eficacia en las jugadas a balón parado, este nuevo enfoque apuesta por una posesión más constante y por transiciones rápidas. Los goles, que antes se conseguían a raíz de contraataques, parecen ahora ser, con mayor frecuencia, fruto de la creatividad individual o de combinaciones entre los centrocampistas. Esta orientación, aunque sigue siendo pragmática, abre un nuevo horizonte para un equipo que, a nivel internacional, valora sus posibilidades de progresar.
El actual seleccionador, que sucede a un técnico que ha marcado la historia reciente de Marruecos, ha introducido una filosofía de juego más dinámica.
Entre las caras nuevas, los centrocampistas, tradicionalmente el corazón del juego marroquí, ocupan un lugar central. Jugadores más jóvenes, formados en estructuras como la de Casablanca o procedentes de las canteras de la Unión Asociativa de Clubes Marroquíes, empiezan a destacar. Su llegada va acompañada de una asunción más directa de la responsabilidad en las fases decisivas. Paralelamente, los delanteros, a quienes antes se recurría por su eficacia en el uno contra uno, ven cómo su papel evoluciona hacia una mayor integración en el sistema ofensivo. Esta apertura, que también da valor a los jugadores que compiten en ligas europeas o sudamericanas, pone de manifiesto la voluntad de acercar a la selección nacional a los estándares mundiales sin perder su identidad.
La organización defensiva, que fue uno de los pilares del éxito marroquí en Catar, sigue siendo una prioridad. Los defensas centrales y laterales, a menudo jugadores experimentados o procedentes de las mejores canteras, aportan la estabilidad necesaria para que los centrocampistas puedan arriesgarse. Este equilibrio entre solidez y ambición ofensiva, junto con una cohesión de equipo reforzada por sucesivas convocatorias internacionales, sitúa a Marruecos como uno de los favoritos de su grupo. El auge de los jóvenes, junto con la sabiduría de los veteranos, bien podría ser la clave de una nueva aventura marroquí, a la vez ambiciosa y prometedora.