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La NHL ha elegido el gran despliegue organizado: el martes 13 de octubre de 2026, las 32 franquicias estarán sobre el hielo, con 16 partidos repartidos de las 18 h a las 23 h, hora del Este. El dispositivo Frozen Frenzy no se limita a presentar un calendario cargado. Fabrica una velada en la que cada disco cuenta casi en directo, de un huso horario a otro, con récords que seguir y algunas estrellas bajo los focos.
Una noche sin tregua
El principio es sencillo, y precisamente por eso resulta temible: todos los clubes juegan, pero no todos al mismo tiempo.
El principio es sencillo, y precisamente por eso resulta temible: todos los clubes juegan, pero no todos al mismo tiempo. New Jersey abre en Detroit, y luego los saques iniciales van cayendo en tramos de quince minutos hasta Toronto-Utah, antes de un final de noche más occidental que concluirá con Boston en San Jose. Sobre el papel, parece una parrilla de televisión. Sobre el hielo, es una carrera de observación en la que los goles, las paradas y los cambios de dinámica llegan en ráfaga.
ESPN ocupa un lugar central en el dispositivo, con tres enfrentamientos destacados y una cobertura en multiplex que salta de una pista a otra. Para la NHL, el interés es evidente: convertir una noche de temporada regular en una cita identificable, fácil de vender, más cercana a un acontecimiento nacional que a un martes ordinario de octubre. La liga tendrá una segunda fecha comparable el 10 de abril de 2027, último día de la temporada regular, pero esta tendrá una tensión diferente, ligada a las plazas de playoffs.
McDavid, Crosby y Ovechkin en medio del estruendo
La densidad del programa no ahoga las historias individuales. Connor McDavid debe disputar su 800.º partido de temporada regular con Edmonton, un hito que subraya tanto su longevidad como su ritmo de producción. En una liga donde las comparaciones históricas a veces se vuelven perezosas, este hito recuerda sobre todo algo muy concreto: McDavid ha acumulado puntos a una velocidad que casi nadie ha mantenido durante tanto tiempo.
Sidney Crosby también llega con una cifra al alcance de su stick. El capitán de Pittsburgh puede superar a Joe Thornton en la clasificación histórica de asistentes de la NHL y acercarse aún más a otra marca asociada a Ray Bourque. No es el tipo de detalle que cambia una temporada, pero cuenta la rara continuidad de Crosby en una franquicia donde sigue siendo, a sus 39 años, mucho más que un reclamo nostálgico.
Alex Ovechkin, por su parte, se reencuentra con Carolina en un escenario cargado de recuerdos. Fue contra los Hurricanes, en Raleigh, cuando marcó su primer gol como visitante en la liga en octubre de 2005. Más de veinte años después, el duelo ha adquirido otro tono: el de una gira de final de capítulo en la que cada desplazamiento lleva consigo un pequeño fragmento de historia.
Series que seguir desde octubre
La velada también vale por sus equipos en forma. Los Rangers pueden prolongar su inicio perfecto en el Madison Square Garden. Seattle, impulsado por un ataque ya muy productivo, busca confirmar que su comienzo de temporada no es un simple brote de fiebre. Anaheim, Ottawa, Nashville o incluso Toronto-Utah ofrecen cada uno un punto de interés diferente: dinámica colectiva, atacantes lanzados, rachas de puntos, jóvenes jugadores puestos a prueba bajo una luz más intensa.
El duelo Minnesota-Winnipeg añade una nota más directa, con Kirill Kaprizov y Kyle Connor ya instalados entre los goleadores más entonados del inicio de temporada. Este tipo de enfrentamiento no necesita un largo discurso: dos equipos sólidos, dos goleadores que convierten rápido y una velada en la que cualquier doblete puede ocupar más espacio de lo habitual porque todo el mundo está mirando a otro lado al mismo tiempo.
Una apuesta de escaparate para la temporada regular
La Frozen Frenzy no entregará ningún trofeo ni otorgará una clasificación inmediata. Su interés está en otra parte: intenta hacer legible una liga que a menudo resulta difícil de seguir en su totalidad. Una temporada de la NHL es larga, dispersa y a veces queda devorada por su propio volumen. Al concentrar a todo el mundo en una sola noche, la liga fabrica un atajo narrativo: las estrellas, las sorpresas, las ambiciones y las primeras dudas pasan por el mismo túnel.
Queda por ver qué hará el hielo con ello. Si los grandes nombres cumplen con su papel y dos o tres partidos se tuercen en los últimos minutos, la velada habrá cumplido su función. Si no, al menos habrá recordado una verdad reconfortante para los aficionados al hockey: cuando juegan 32 equipos al mismo tiempo, hasta el calendario necesita un buen portero.