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Iva Jovic salió de Guadalajara con el trofeo, el sombrero y una línea más en un palmarés ya muy nutrido para una jugadora de 18 años. La estadounidense dominó a Peyton Stearns por 6-4, 6-2 en la final del WTA 500 mexicano, el sábado por la noche, para revalidar su título sin ceder un solo set en toda la semana. La escena confirma una progresión que ya no tiene mucho de sorpresa pasajera.
Una final cerrada en el momento justo
El marcador cuenta una parte de la historia: dos sets, 1 h 26 de juego, ningún set cedido por el camino.
El marcador cuenta una parte de la historia: dos sets, 1 h 26 de juego, ningún set cedido por el camino. La forma añade el resto. Stearns, número 60 del mundo, había atravesado el torneo con impulso, especialmente después de remontar ante Liudmila Samsonova en semifinales. Sin embargo, nunca encontró suficientes recursos para desestabilizar a Jovic de manera sostenida.
El primer set se mantuvo mucho tiempo en un hilo. Las dos estadounidenses conservaron su saque hasta el 4-4, antes de que Jovic lograra el break que cambió el tono de la noche. Después lo confirmó sin temblar. En el segundo set, la defensora del título golpeó antes, rompiendo de entrada el saque rival y luego una vez más para cerrar la puerta. Stearns intentó aportar más consistencia al intercambio, pero Jovic mantuvo la trayectoria más limpia.
Guadalajara se convierte en su territorio
Este doblete no es solo una gran defensa del título. Jovic se convierte en la primera jugadora en ganar dos veces seguidas el torneo de Guadalajara en su formato actual. En 2025, allí conquistó su primer trofeo en el circuito principal, con 17 años, al vencer a Emiliana Arango. Un año más tarde, regresa al mismo lugar y se marcha con una autoridad más consolidada.
La semana también cuenta su capacidad para endurecerse sin dispersarse. Había superado a Zeynep Sonmez, Magdalena Frech y luego a Cristina Bucsa antes de la final, siempre sin ceder un set. Contra Bucsa, en particular, salvó 11 de las 12 bolas de break que afrontó. Frente a Stearns, el peligro fue menos frecuente, pero había que gestionar la espera de una final entre compatriotas y el papel de favorita. Lo hizo con una sobriedad que casi vale más que una exhibición constante.
Stearns cae, pero avanza
Para Stearns, la derrota no borra la calidad del recorrido. A sus 24 años, disputaba su primera final de un WTA 500, después de un torneo en el que había derrotado a Sloane Stephens y luego a Samsonova. Su saque y sus golpes desde el fondo de la pista le permitieron sostener el pulso al principio, pero Jovic la obligó a jugar demasiadas veces un golpe adicional.
La diferencia se vio en los puntos decisivos. Jovic convirtió sus oportunidades de break y no ofreció una verdadera ventana al resto rival. Stearns se marcha sin trofeo, pero con referencias sólidas sobre pista dura y la prueba de que puede encadenar victorias contra jugadoras consolidadas.
Una confirmación que pesa
A los 18 años, Jovic ya no es solo una promesa estadounidense a la que seguir entre dos grandes citas. Su segundo título en Guadalajara, conquistado sin perder un set, la acerca aún más a la parte alta de la clasificación y confirma que sabe defender una posición, no solo irrumpir.
Lo que venga dirá si esta regularidad puede viajar igual de bien fuera de México. Pero la señal enviada es clara: Jovic ya cuenta con un torneo de referencia, una identidad de juego compacta y esa pequeña dureza mental que transforma una semana exitosa en un título. En una WTA donde las trayectorias se aceleran rápido, Guadalajara bien podría seguir siendo el lugar donde su ascenso dejó de ser una hipótesis.
