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Tenis: la fusión entre la ATP y la WTA se ha estancado; la tensión entre los circuitos está a flor de piel

El gran proyecto de unificación comercial del tenis profesional acaba de sufrir un revés espectacular. La ATP y la WTA, que llevaban años trabajando para unificar sus…

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Redactado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y comprobado mediante controles automatizados.

El gran proyecto de unificación comercial del tenis profesional acaba de sufrir un revés espectacular. La ATP y la WTA, que llevaban años trabajando para unificar sus actividades comerciales, han suspendido sus negociaciones por tiempo indefinido. El motivo: un profundo desacuerdo sobre el reparto de los ingresos entre ambos circuitos.

La noticia, revelada por The Guardian y confirmada por varias fuentes cercanas al asunto, pone de manifiesto una ruptura entre la nueva presidenta de la WTA, Valerie Camillo, y la dirección de la ATP, liderada por Andrea Gaudenzi. Al asumir el mando del circuito femenino, Camillo habría rechazado de plano el acuerdo negociado durante la etapa de su predecesor, Steve Simon, al considerar inaceptable la parte reservada a la WTA.

Al asumir el mando del circuito femenino, Camillo habría rechazado de plano el acuerdo negociado durante la etapa de su predecesor, Steve Simon, al considerar inaceptable la parte reservada a la WTA.

Una fusión que en realidad no lo era

Hay que aclarar un malentendido de entrada. El proyecto no pretendía en absoluto disolver la ATP ni la WTA como entidades deportivas. Cada circuito habría conservado sus prerrogativas normativas, su calendario y su gobernanza. La ambición era estrictamente comercial: crear una estructura común capaz de vender los derechos de retransmisión, el patrocinio, los datos y los productos digitales de ambos circuitos bajo una única marca.

Tanto para las cadenas de televisión como para los patrocinadores, la ventaja era evidente. Un único interlocutor en lugar de dos negociaciones paralelas. Un catálogo unificado que reuniera a Carlos Alcaraz, Jannik Sinner, Aryna Sabalenka e Iga Swiatek bajo un mismo techo comercial. La consultora McKinsey, encargada de evaluar el potencial de la operación, había valorado la futura entidad en cerca de 4 000 millones de dólares.

El quid de la cuestión: ¿quién se lleva qué?

Fue precisamente en el reparto del pastel donde todo se atascó. La ATP genera estructuralmente más ingresos que la WTA, una realidad económica que nadie discute. Pero la cuestión de la clave de reparto en una estructura fusionada se ha convertido en un tema candente. Valerie Camillo, conocida por su enfoque intransigente heredado de sus años en el deporte estadounidense, ha planteado sus condiciones. El desacuerdo sería tal que las negociaciones se encuentran ahora en punto muerto, sin fecha prevista para su reanudación.

El momento es aún más cruel si se tiene en cuenta que la ATP venía de una dinámica positiva. Andrea Gaudenzi acaba de ser reelegido para un tercer mandato al frente del circuito masculino, hasta 2028. El italiano había convertido el acercamiento a la WTA en uno de los pilares de su programa. El revés es contundente.

Federer, el gran ausente del debate

En 2020, fue Roger Federer quien inició el debate en las redes sociales, pidiendo públicamente una fusión entre los dos circuitos. Su tuit viral recibió el apoyo de Rafael Nadal, Billie Jean King y Simona Halep, entre otros. Cuatro años después, el suizo se ha retirado y el proyecto que tanto deseaba nunca ha parecido tan lejano.

El tenis profesional se encuentra en una situación paradójica: nunca ha gozado de tanta popularidad a nivel mundial, nunca sus estrellas han brillado tanto, pero su gestión, fragmentada entre siete organizaciones diferentes —la ATP, la WTA, la ITF y los cuatro torneos del Grand Slam—, sigue frenando su desarrollo comercial. Sin duda, el culebrón no ha hecho más que empezar. Ahora le toca mover ficha a Valerie Camillo.

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