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Japón no se anduvo con medias tintas. En su partido contra Egipto en los octavos de final del Campeonato Mundial Femenino Sub-17, celebrado el martes 15 de julio en Brno (República Checa), las jóvenes japonesas ofrecieron una brillante actuación colectiva para imponerse por 80-53 y conseguir su pase a cuartos de final.
Una victoria contundente que confirma las promesas vislumbradas en la fase de grupos, donde Japón ya había demostrado una temible eficacia ofensiva.
Una victoria contundente que confirma las promesas vislumbradas en la fase de grupos, donde Japón ya había demostrado una temible eficacia ofensiva.
Una pareja de bases en racha
El dúo formado por Miya Takeuchi y Kako Otsuki simplemente desarmó a la defensa egipcia. Takeuchi sumó 18 puntos, mientras que Otsuki, auténtico metrónomo del juego japonés, aportó 19. Su compenetración en el perímetro y su capacidad para alternar tiros desde fuera y penetraciones desequilibraron constantemente la cortina defensiva rival.
Por parte egipcia, Zeina Amin intentó limitar los daños con 11 puntos, pero la diferencia ya era demasiado grande al descanso como para esperar una remontada. Egipto, que disputaba sus primeros octavos de final en la competición, se despide del torneo con honor, pero sin haber podido poner en aprietos a una selección japonesa claramente superior en todos los aspectos del juego.
Japón, una máquina bien engrasada
Lo que impresiona de estas sub-17 japonesas es la fluidez de su baloncesto. Pocas pérdidas de balón, jugadas bien ejecutadas, una circulación rápida del balón: todos los ingredientes de un equipo perfectamente compenetrado. El cuerpo técnico japonés ha sabido construir un colectivo en el que cada jugadora conoce su papel y lo ejecuta con precisión quirúrgica.
Frente a Egipto, Japón impuso su ritmo desde el primer cuarto, sin dar nunca respiro al rival. La defensa agresiva provocó numerosas pérdidas de balón egipcias, que se convirtieron inmediatamente en canastas fáciles en contraataque.
La cita europea
La ciudad de Brno, en la República Checa, acoge desde hace varios días a las mejores selecciones del baloncesto femenino juvenil mundial. El formato, ya bien consolidado, consiste en una fase de grupos seguida de una fase final de eliminación directa que conduce a la coronación final. Para un equipo como el de Japón, acostumbrado a las competiciones asiáticas pero menos habitual en el primer plano mundial en las categorías juveniles, este tipo de torneo ofrece una plataforma de lanzamiento ideal para evaluar el trabajo de fondo realizado en la selección.
Por su parte, la selección australiana llega con un palmarés juvenil muy completo y una gran profundidad de banquillo que la convierte en una seria candidata a las semifinales. Los duelos entre Japón y Australia se han multiplicado en los últimos dos años en las categorías juveniles, y la tendencia suele inclinarse a favor de las oceánicas.
Un cuartos de final que promete ser reñido
El próximo obstáculo se presenta mucho más difícil. En cuartos de final, Japón se enfrentará a Australia, una potencia del baloncesto femenino mundial, acostumbrada a las competiciones internacionales y que cuenta con una cantera de talentos impresionante. Las australianas también han arrasado en sus octavos de final y afrontarán este choque con la confianza de un equipo destinado al podio.
Para Japón, el objetivo ya está alcanzado: un puesto entre las ocho mejores del mundo. Pero a juzgar por la actuación ofrecida frente a Egipto, estas jóvenes japonesas tienen claramente las armas necesarias para dar la sorpresa y soñar a lo grande. La FIBA concretará en las próximas horas el horario y el pabellón exacto de este cuarto de final, pero el partido ya se perfila como uno de los momentos más destacados del torneo. La cita está fijada.