Redactado con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial y comprobado mediante controles automatizados.
Los Bruins convirtieron una noche comprometida en una victoria memorable. Con dos goles abajo en el tercer período, empataron con los Blackhawks antes de que Elias Lindholm le diera la victoria a Boston en la prórroga, 5-4. A los 2 min 32 s del tiempo extra, el centro sueco concluyó un partido que Chicago parecía haber tomado en sus manos.
El resultado duele especialmente a los Blackhawks porque su ventaja había resistido mucho tiempo. Sin embargo, Boston encontró una salida en los últimos minutos del tiempo reglamentario y luego impuso su calma cuando el partido entró en la zona donde un error basta para borrarlo todo. El TD Garden vio a los Bruins pasar de la persecución a la liberación sin que el guion les concediera la más mínima comodidad.
El resultado duele especialmente a los Blackhawks porque su ventaja había resistido mucho tiempo.
Un tercer período remontado
Chicago había construido su ventaja gracias a un ataque capaz de castigar las secuencias de relajación. Anton Frondell firmó en particular dos goles, mientras que Connor Bedard también marcó. Ante esa eficacia, Boston se encontró frente a una ecuación severa: remontar dos goles con menos de diez minutos por jugar, sin dejar la más mínima apertura al adversario.
Los Bruins respondieron con un empuje colectivo. David Pastrnak marcó, Charlie McAvoy y JJ Peterka sumaron cada uno dos asistencias, y Boston mantuvo la presión el tiempo suficiente para volver a la altura. Morgan Geekie anotó el gol del empate a doce segundos de la sirena, un golpe de efecto que cambió la energía del encuentro en un instante.
Para Chicago, ese gol tardío borró el trabajo realizado durante la mayor parte de la noche. Los Blackhawks tenían los argumentos para llevarse los dos puntos, pero el hockey no recompensa una ventaja si no sobrevive a los últimos segundos. Esta vez, el reloj de arena les jugó una mala pasada especialmente cruel.
Lindholm decide sin esperar
La prórroga no duró. Lindholm ganó su duelo tras resistir a dos defensores y luego colocó su disparo de revés ante Arvid Söderblom. El gesto concluyó una acción a imagen del partido: ningún camino estaba libre, había que crear uno.
El portero Michael DiPietro realizó 37 paradas para Boston y vio a su equipo luchar hasta el final a pesar de las dificultades. Los Bruins llevaron así su balance en casa a 6 victorias, 1 derrota y ninguna derrota tras prórroga o tandas de penaltis. También pusieron fin a una racha de dos derrotas, lo que da a esta remontada un valor doble: espectacular en la forma, útil en la clasificación.
Pastrnak, por su parte, superó a Patrice Bergeron para instalarse solo en el tercer puesto de los mejores goleadores de la historia de Boston. En un partido ya cargado, esta etapa encontró su lugar sin robar el protagonismo al desenlace. Los Bruins necesitaban sobre todo una victoria; la obtuvieron al término de un guion que habría hecho levantar una ceja incluso a un guionista de serie deportiva.
Chicago debe digerir la ocasión perdida
Los Blackhawks no se van sin elementos positivos. Marcaron cuatro veces en Boston, hicieron tambalearse a un equipo sólido en casa y mostraron profundidad en su producción. Pero una derrota después de haber ido dos goles arriba en el último período rara vez deja indiferente un vestuario.
Boston, en cambio, puede apoyarse en esta victoria para devolver impulso a su temporada. Una remontada no garantiza nada para el siguiente partido, pero recuerda a un grupo que posee los recursos para sobrevivir a una mala racha. Para los Bruins, esta noche frente a los Blackhawks quedará como un punto arrancado a la fuerza, luego transformado en dos.