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Un regreso sin ambigüedad
Roger Federer vuelve al US Open, pero no para reabrir su carrera. El suizo disputará una velada de exhibición en el Arthur Ashe Stadium, en el marco de la Fan Week, junto a Andy Roddick, Andre Agassi y John McEnroe. El evento tiene un objetivo sencillo: ofrecer al público neoyorquino una despedida que Federer nunca había podido brindar realmente en esta pista.
Su último partido en el US Open se remontaba a 2019, cuando perdió en cuartos de final contra Grigor Dimitrov.
El contexto explica la atención. Su último partido en el US Open se remontaba a 2019, cuando perdió en cuartos de final contra Grigor Dimitrov. Después, las lesiones y el retiro anunciado en 2022 cerraron la puerta a una última participación competitiva en Nueva York. La cita de 2026 permite, por tanto, cerrar un capítulo allí donde había construido una parte fundamental de su leyenda.
Nueva York, un lugar aparte
Federer no está vinculado a Flushing Meadows únicamente por la nostalgia. Allí ganó cinco títulos consecutivos, de 2004 a 2008, una racha que sigue siendo uno de los logros más destacados de la era moderna. Sobre pista dura, en un torneo situado al final de la temporada y sometido a condiciones a menudo cambiantes, este dominio consolidó su vínculo especial con el público estadounidense.
La velada está concebida como un momento de memoria activa más que como una ceremonia inmóvil. Federer se reencontrará con Roddick, uno de sus rivales habituales de la década de 2000, y después compartirá la pista con McEnroe y Agassi, dos figuras principales del tenis estadounidense. El programa combina así antiguas rivalidades, símbolos locales y el placer de volver a ver a Federer con la raqueta en la mano en un estadio que lo acompañó durante tanto tiempo.
Ninguna falsa pista sobre un regreso
El punto importante también es lo que este regreso no es. Federer ha descartado claramente la idea de un comeback profesional. A sus 45 años, no busca poner a prueba su nivel contra el circuito actual ni preparar una aparición en un torneo. Se trata de un evento de exhibición, controlado en su formato y alejado de las exigencias físicas de un Grand Slam.
Esta aclaración importa porque cada aparición de una antigua estrella puede alimentar las especulaciones. Federer conserva un lugar central en el imaginario del tenis, pero su vida después de la competición se ha estructurado de otra manera: familia, eventos escogidos, compromisos comerciales y un papel de embajador del deporte. Este regreso neoyorquino pertenece a esa segunda vida deportiva, no a un intento de volver a la clasificación.
Una secuencia útil para el tenis
El US Open también obtiene su beneficio. La Fan Week se ha convertido en un espacio estratégico para atraer al público antes del cuadro principal. Añadir a Federer, Roddick, Agassi y McEnroe ofrece al torneo un cartel intergeneracional que va más allá del simple espectáculo. Recuerda a los espectadores ocasionales la historia reciente del torneo, al tiempo que prepara la atención en torno a la edición de 2026.
Para Federer, el desafío es más íntimo. Puede regresar sin la presión del resultado, ante sus hijos, que ya tienen la edad suficiente para comprender mejor lo que representa este estadio en su trayectoria. La palabra despedida suele utilizarse demasiado pronto en el deporte, pero esta vez encaja bastante bien con el momento: no una segunda retirada, ni una operación de comunicación vacía, sino más bien un último saludo a Nueva York, en el escenario donde tanto había ganado.