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Ha conocido los podios olímpicos, los cinturones WBC Silver y las noches de gala en Malabo. A los 35 años, Souleymane Cissokho ya no tiene mucho que demostrar sobre un ring. Razón de más, quizás, para dejar los guantes y mirar a su alrededor. Lo que ve no le gusta. En una declaración recogida este 30 de julio por varios medios franceses, el medallista de bronce de los Juegos de Río hace sonar la alarma sobre el estado del boxeo francés.
«El boxeo no ha sabido evolucionar», sentencia. El diagnóstico es severo, pero Cissokho lo fundamenta sin rodeos: falta de profesionalismo en los clubes, ausencia de visibilidad mediática, incapacidad para formar una nueva generación de campeones capaces de llenar las salas y atraer a los difusores.
Las cifras no se citan en la intervención de Cissokho, pero el declive es palpable.
Un deporte en pérdida de impulso
Las cifras no se citan en la intervención de Cissokho, pero el declive es palpable. Francia, que hace aún diez años alineaba boxeadores en lo más alto del cartel en varias categorías —de los wélter a los pesados pasando por los supermedianos—, hoy apenas logra colocar a sus representantes en combates por el campeonato mundial. Christian Mbilli, invicto en supermedianos y programado para un choque WBC ante Hamzah Sheeraz, es la excepción en un panorama por lo demás escaso.
Cissokho conoce el camino mejor que nadie. Él mismo retador oficial WBC de los wélter desde su victoria brillante en mayo de 2025 en Guinea Ecuatorial —un combate en el que fue a la lona dos veces antes de remontar—, mide el abismo que separa las exigencias del más alto nivel internacional de las realidades francesas.
Clubes superados, una formación que patina
El boxeador señala un problema estructural: clubes amateurs o semiprofesionales que no disponen ni de las infraestructuras, ni del acompañamiento, ni de los medios para llevar un talento hasta un cinturón mundial. «Hace falta seriedad, rigor, una verdadera estructura profesional alrededor del boxeador», insistió. El modelo francés, aún ampliamente basado en un tejido asociativo histórico, no ha realizado la transición que exige el boxeo moderno.
El diagnóstico coincide con el que ya planteaba L'Équipe en diciembre de 2025 en un dossier dedicado a los boxeadores franceses ambiciosos. La federación francesa ha emprendido reformas, pero los efectos tardan en verse sobre los rings. El contraste es llamativo con naciones como el Reino Unido o México, donde cada campeón en ciernes se beneficia de un ecosistema pulido, del sparring partner al nutricionista pasando por el promotor que apuesta pronto.
Una voz que cuenta
A los 35 años, Cissokho no es un veterano que divaga. Aún boxea, aún gana, y se prepara para disputar el combate más importante de su carrera por un cinturón mundial WBC. Cuando un atleta de este calibre toma la palabra para decir que la casa arde, la federación y el ministerio de Deportes harían mal en no escuchar.
El boxeo francés ha conocido ciclos. Ha tenido a sus Tiozzo, a sus Mormeck, a sus Yoka. Queda por ver si Cissokho habla en el vacío, o si es la primera piedra de una toma de conciencia. Mientras tanto, boxea. Y eso, nadie podrá quitárselo.